El gobierno paraguayo repudió enérgicamente las declaraciones del presidente brasileño, quien aseguró que Paraguay “decidió invadir Brasil” para dar inicio al histórico conflicto bélico. Asunción convocó formalmente al embajador de Brasil y los mandatarios mantuvieron una conversación telefónica para calmar las tensiones.
La relación diplomática entre Paraguay y Brasil quedó en el centro de la escena regional tras un fuerte cortocircuito desatado por revisiones históricas sobre el origen de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870). El detonante fueron unas declaraciones del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien afirmó que a su país le agrada la paz, pero advirtió que no se puede “olvidar que, un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil”.
Las palabras del mandatario brasileño —pronunciadas durante una visita a una planta industrial en el interior de São Paulo— generaron una ola de indignación inmediata en distintos sectores de la política y la sociedad paraguaya. Ante la presión por lo que inicialmente fue percibido como un silencio oficial, el Ejecutivo de Asunción respondió con contundencia.
Respuesta diplomática y llamados al diálogo
El canciller paraguayo, Rubén Ramírez, confirmó la convocatoria formal al embajador brasileño en Asunción, José Antonio Marcondes de Carvalho, para entregarle una nota formal de protesta y dejar en claro que “la dignidad de Paraguay no se negocia”.
Paralelamente, el Congreso paraguayo aprobó por amplia mayoría en ambas cámaras declaraciones de repudio contra los dichos de Lula, responsabilizándolo por minimizar la dimensión histórica del conflicto que enfrentó a la alianza de Brasil, Argentina y Uruguay contra el pueblo paraguayo.
Pese a la escalada verbal y al malestar generalizado en el vecino país, los gobiernos de ambos Estados buscaron encauzar el conflicto por la vía institucional: los presidentes de ambas naciones mantuvieron una comunicación telefónica para descomprimir la tensión y limar asperezas en medio de un escenario regional sumamente sensible.
